#Micro: José Medrano

 

Desearía en ocasiones volver a mis raíces,
aquellas que siempre crecen entre el barro y la maleza,
que surcan la pobreza de un suelo que se quiebra
y que arrancan los latidos que hacen temblar mis piernas.

Quisiera convertirme en las ráfagas de aire
que lanzan mis quejíos en las noches de tristeza,
que lanzan a las nubes un desafío sin arte
y confiesan a la Luna la derrota más sincera.

Añoro ser la voz que rasgue mi garganta,
la mezcla de mis gritos con la fuerza en la tormenta,
torrentes de lamentos de una vida acostumbrada
a vivir en la tragedia y a flotar entre la niebla.

Moriría si declaro la paz en mis entrañas,
y ya no persiguiera el destino más incierto,
que aquí, donde el loco ha ganado al cuerdo
hemos tendido manos para poder alcanzar el cielo.

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José Medrano

 

 

Razones para vivir

Para aquellos que lucháis: no cedáis.
No permitáis saciar la sed de la muerte, no dejéis que os arrastre con ella.

Aquellos que cada día unís las fuerzas para elevar la cabeza bien alto, sobre las nubes, el sol y las estrellas. Aquellos que conocéis el valor de la vida, que la observáis con sus nimiedades y transcendencias tras la puerta de lo indefinido, bajo la bata de la espera y la vía de la injusticia recorriendo vuestras venas.

No, no son los magnates derrochadores los que conocen la vida, ellos solo son infaustos enmascarados que tratan de encontrar aquello que la fortuna no les dio, olvidándose de ellos mismos, sumergidos en la lascivia de los ricos.

Vosotros, esas esperanzas de fuego ardiente, imbatibles, esos límites quebrantados por la superación reencarnada, esa audaz risa al diablo cada día de enfrentamiento incesante.

Sí, vosotros, luchadores de vida, inspiradores, rayos de luz en la oscuridad de la codicia y desgana. Vuestro entorno, vuestros pasillos, vuestro día a día, es lo único que hace valorar al ser humano lo que tiene. Aquello que enciende la llama de la empatía, demasiado apagada por los asuntos diarios.

El mundo no valdría nada sin vosotros, no sería ni significaría lo más mínimo, no habría sentido de humanidad. Ese cielo, ese que contrarresta las oscuras nubes de la seguridad bailada por la inocencia del destino.

Vosotros, los que hacéis saber que la única razón para morir, es no saber cómo estar vivo.

Elena Sokolowski Barron

#Micro: Nerea Sánchez

Princesa negra
Hilo fino de carne que se trasparenta
Con las olas del mar
Poca esperanza me queda
A primera hora de la mañana
Un fantasma vi en mi puerta
Me dijo:
Niña, estás muerta
Tranquila, prenda, porque has muerto ya
No llores por el relincho infinito
Del caballo que pasa por tu calle
No luches por quitarte los claveles
Las espadas, las vendas
Los nidos de avispa
De tu claridad
Ahora vuelas desnuda y un
Tormento de piedra
Desfila por la garganta
De tu padre
Deja que el filo llegue
Deja que el filo dulce
Llegue a la sangre
Deja que el filo
Atraviese la calma
Déjalo llegar

Nerea Sánchez Soria

Cosas de críos

Suena el despertador
Tengo que levantarme, pero lo cierto es que no tengo fuerzas.
Allí los minutos transcurren como horas interminables repletas de vanidad.
Auguro que este día será como todos: una mierda
Me levantaré, como siempre acabo haciendo a pesar de las inexistentes ganas. Llevaré con infinito asco los harapos de mi condena y cruzaré la puerta al infierno tratando de esconder mis manos temblorosas.

Agarraré con todas mis fuerzas el asa de la mochila, como si de ella dependiera mi vida. No sé en qué minuto o segundo comenzará la lluvia de blasfemias relativas a mi pelo, mi ropa, mis gustos o mi simple persona. No sé en qué momento comenzarán sus trepidantes espectáculos.

Solo sé que, como cada día, encontraré miradas fulminantes que recorren a fuego vivo cada absurdo rincón contra el que atacar, contra el que desahogarse. Sólo sé que entre libros imploraré el paso de los días y las horas que acaben con mi suerte maldita. Sé que cada día observaré miradas de soslayo que pasean por la línea de la realidad tratando de ser eludida. Sé que lloverán manos malintencionadas, palabras hirientes y lágrimas que recorrerán un semblante pálido sellado por el miedo.

Conozco el camino de clavos que recorro cada día por algún motivo inefable, comprendo la vulnerabilidad de mi persona para aquellos que se hacen con el poder de la ridiculización, la enmascarada soberbia.

Sin embargo, no conozco el paso del tiempo, las agujas mantienen congelada la llama ardiente del infierno que ni el paso del tiempo logrará que deje de brotar en mi ser. Tampoco conozco la salida del pozo, porque cada vez que mi mano trata de alcanzar la luz alguien dice : ¡pero mujer, si eso son cosas de críos!

Elena Sokolowski Barron

 

El péndulo a la izquierda

El año pasado, a raíz de las hipermediatizadas elecciones a la presidencia de los Estados Unidos, el mundo asistió impertérrito a la eclosión de un fenómeno ya existente: las noticias falsas. Es cierto que la desinformación no es nada nuevo y que es posible recopilar una cierta hemeroteca de noticias falsas que los medios generalistas han publicado puntualmente, aunque siempre acompañadas de su correspondiente disculpa a posteriori. No obstante, la desinformación ha cobrado un inusitado e inesperado papel a la hora de decidir las últimas elecciones al otro lado del Atlántico, si bien es un error achacar el resultado exclusivamente a dicho fenómeno. Sea como fuere, y con ayuda rusa o no, esto es una nueva problemática que se ha instalado en el mundo occidental.

Este fenómeno se ha experimentado sobre todo en el espectro ideológicamente conservador, que ha consumido masivamente noticias falsas sobre Hillary Clinton. Entre ellas, una de las más estrambóticas y sonadas está relacionada con la implicación de la matriarca del clan con un ring sexual en San Francisco. Sin embargo, antes de que el sector progresista insista en poner el grito en el cielo, cabe recordar que no sólo han circulado noticias falsas sobre la candidata demócrata. Las falsas noticias sobre Trump, si bien menos frecuentes el año pasado, también han gozado de su propagación en la red. Y es este último caso el que nos debiera llamar la atención, ya que, desde la llegada al poder del magnate, el tráfico de falsas historias ha aumentado exponencialmente desde la izquierda.

¿A qué se debe esto? Quizás una de las explicaciones más acertadas tenga que ver con las emociones primarias del ser humano. El miedo, la frustración y la ira aumentan la necesidad del lector liberal por mantenerse informado en todo momento ante la incertidumbre que rodea al nuevo mandatario. Por consiguiente, en su avidez de información, aumenta la probabilidad de que se exponga a la desinformación con noticias que, si bien pueden tener alguna conexión con la realidad, no tienen mayor objetivo que aumentar un relato anti-Trump a toda costa.

Por desgracia, esta nueva tendencia no se limita a foros y medios que gozan de incierta institución y credibilidad. El portal americano Buzzfeed tomó la decisión hace poco más de un mes de publicar un informe que daba a entender que los servicios de inteligencia rusos tenían material comprometedor que implicaba a Donald Trump, prostitutas de lujo y conductas sexuales poco ortodoxas (de nuevo, el sexo como arma). Esta decisión ha sido calificada de valiente, y fue alabada en su momento por el espectro a la izquierda por dar cuenta de la perversión del 45º presidente de los EE.UU. Y así sería, si no fuese porque el documento publicado era de una manifiestamente dudosa veracidad y carente de más de una fuente que lo confirmase, otra que lo asegurara y una tercera que lo pudiese apuntalar, como suele ser requisito frecuente en los medios profesionales a la hora de publicar una historia bajo su correspondiente firma.

Este tipo de acciones no son actos de valentía periodística, sino que constituye un acto de irresponsabilidad que abre la veda a una retórica del “todo vale”. Y, por muy maquiavélico que sea el adversario, no todo vale, al menos no desde la ética del buen periodista. Quizás, estimado lector, usted haya mentado también a la susodicha irresponsabilidad mediática, pero este fenómeno no debería ser extraño para un español que no se haya pasado los dos últimos años debajo de una roca. Desde el nacimiento y toma de fuerza del partido político PODEMOS, la denominada “caverna mediática” ha llevado una campaña de desprestigio sin precedentes contra la formación morada. A veces, fundamentada en la realidad; otras muchas, en cantos de sirena. Sin embargo, como sucede en EE.UU., la desinformación se da a ambos lados del espectro ideológico; en menor medida desde la izquierda, pero, como las meigas, haberlas, haylas.

Aunque generalmente el lector de izquierdas tiende a ser más cuidadoso con sus fuentes, comienza a caer, de forma muchas veces imperceptible, en este círculo vicioso. Es por ello que hay que plantar cara al falso periodismo, reivindicar la labor ética y valiosísima de los profesionales de este oficio, ya no por meras cuestiones ideológicas, sino como pilar fundamental de un Estado de derecho democrático: hacer del periodismo fuente de sofía social, y no de eris o “discordia”. Si no, habremos perdido la batalla contra la postverdad, como eufemísticamente se denomina hoy en día a la mentira.

Carlos Iglesias Crespo

Piden en change.org que se repita la II Guerra Mundial por alineación indebida

La actual ola de peticiones en la plataforma change ha traspasado el mundo del fútbol y es ahora la historia la que acapara el centro de atención.

Varios grupos de ideología neonazi, provenientes de diferentes puntos de la geografía europea, han unido fuerzas y actualmente recogen firmas en el sitio web para repetir la II Guerra Mundial. Desde su «objetivo punto de vista», hubo una serie de infracciones que desencadenaron la derrota de Alemania, Japón e Italia en la contienda.

Entre los puntos más destacados, afirman que la motivación de esta acción fue el descubrimiento en diciembre de 2016 de un archivo que podría demostrar la alineación indebida de Estados Unidos en la contienda. Según fasci88, usuario creador de la campaña, el país norteamericano arrastraba una sanción de la última contienda y «su entrada indiscriminada choca con los valores del Fair Play de la guerra», afirma.

Quisimos buscar opiniones desde «(Des) Infórmate» y acudimos a una manifestación de corte fascista. Al preguntar por la decisión de esta propuesta, el portavoz de Una grande y birra nos dijo que apoya «la cosa esa, los americanos entraron y nos jodieron y eso está to feo, macho». Finalmente, al preguntar si los promotores de la propuesta acudirían al campo de batalla para suplir la alineación de 1939, un manifestante nos gritó en un lenguaje incomprensible, se golpeó el pecho con los dos puños y levantó el brazo derecho.